domingo, 29 de agosto de 2010

Veía
el ciego
en su negro
un blanco
que le comía los bordes.

Indeteniblemente
como
el agua
que absorve la serviilleta.

Ideteniblemente
como el rídiculo
amor
que sorprende
a los microscopios,
macroscopios
y fotógrafos.

Indetenible como el dolor
que provoca
la obligatoriedad
de tu boca.

Aunque de herido
reduzca
tu besos a un semestre,
aunque perdido
busque
tu olor todo septiembre.

Olvidaré
terriblemente,
los significados
bellos y sacros
de tu pelo de lluvia
y tus braquets
de color.

Olvidaré,
hasta que, ciego,
vea
en mis bordes
blanqueados,
otra piel.

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