que el ascensor pare donde quiera
en el cielo si quiere.
Pero mis manos tienen sus destinos
y mi lengua su monumento
se cierra y no se si baja
o si sube
o si se muere la huevá de cabina.
Mas salgo rojo feliz
y pasado el túnel
me pego con la estupidez
de no haberme acordado
de ver el color de tu ropa interior amarilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario