La choco espera
en la esquina de la puerta del patio
a que alguien le abra.
Espera
parte de la mañana,
toda la tarde
y la lluvia que no cayó.
No estoy yo.
Pero la choco
es como
si supiera
que es una excepción.
Que yo solo
desacomodé nuestro horario
y que al otro día
podrá rasquetear
con vehemencia y sin resignación,
exigiendo su puesto
debajo del computador
o mirándome como leo
desde el sillón.
Y pasa
la mañana, toda la tarde,
toda la lluvia y el sol
conmigo.
Como en este momento
en que siente que la escribo
y con el hocico
me bota el café.
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