Decantado hacia ti,
vertido,
puesto en una lupa,
te ríes
y mis sonrisa
-que creo
que cabría dentro de tus gustos-
es una pelusa que pelea
por ganarle a una tormenta.
Por tener.
Por querer.
Por las minúsculas,
mínimas máximas,
máximas de lo mínimo
¿que habría de no decirte?
¿que habría por no confesar?
Pero es poco lo que la rutina
se atreve.
Los sentimientos son a veces
y después no son para siempre.
Entonces
decirte que no
es mi mejor sí.
Es derramarme,
Derribar las estructuras
dejar desnuda a la conexión
bastarda de razón,
avergonzada de haberte mirado mañana,
de recordarte la semana que viene
comiendo un helado.
Solo espero que
la próxima vez
si es que la poesía permite
y el destino omite
que no sea una pregunta
sino
un impulso franco
sino un algo poco
con vocación de todo.
Una de las muchas que eres
sabe que
perfectamente puede
quedarse sentada
conmigo
y disfrutar hablar
por hablar
o correr sin carecer de nada.
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