" El primer día de colegio es el primer navajazo a esa infinitud. Quisiera volver a ser un niño, antes del colegio. Niño, niño. Puro horizonte, posibilidades infinitas. Quisiera ser niño. ¡Y sin premio!"
( Nibaldo Mosciatti )
En el piélago
de ésta
mediocre verdad
absoluta
que no alcanza
a ser sino hasta el último
respiro de vacío
de la banca café,
tengo
la primera pagina
del apunte de preguntas
esparcida por
el cuasi jardín
con todas sus letras,
tengo
un puñado de flores a mi lado
que solo una importa,
tengo
un instructivo de preocupaciones
que se trabajan a los nervios
para desistir,
tengo las palabras vagas
como las proyecciones vagas,
mas aún cálidas como el sol que por
absorbido, me queman,
sin la potestad emocional
de decir que no.
Las buenas ideas
son las que no se idean.
Las verdades se esconden tras
la sangre vegetal
y yo no he comido mas que mentiras.
O es que acaso soy
repentinamente distinto
por su conspiración invisible,
que me deja odiando mi risa
por no reirme mas ni demasiado.
Y así
recorro todos los improbables
de las imagenes en 8 mm
que se vienen cuando de vez en cuando
le pido al viento
que le mueva el pelo
y poder arreglárselo.
Veo
Sábados
y veo días hábiles
sin ir a Misa
sin desistir
sin condicionales y condicionantes,
sin Universidades
sin preocupantes responsabilidades,
sin excesos mas que amor,
sin navajazos,
sin la necesidad de un ramo o un premio
con una infinitud de díalogos estúpidos,
con camelias, tulipanes rojos y magnolias,
con poca ropa,
con malas ideas
y dibujos tontos
y algún desayuno en cama
que no valga todos los cariños
que justifican no hacerlo
por que levantarse da lata.
En el final
de las mediocres verdades absolutas
existe una incertidumbre
que perfectamente
podría
compartir contigo.
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