domingo, 24 de octubre de 2010

11,13,17,19,41,43

De vez en cuando
le mentía
- eso lo debe saber-.
Como el de un día
Domingo de mayo,
donde llovía
y se me fué la hora
no queriendome ir.
No quería que nadie
llamara al celular,
que nadie dijiera llegaste, ¿Donde estás?
Con ese miedo especial
y divino que le tenemos a la mujer.
Me abrigué.
La calle estaba tan inundada
que caminé.
Ningún colectivo.
Claro que caminé.
Recordé la redundancia de ver
dos novelas
y el error de ponerle atención
al noticiero y no a su pelo.



Le decía
de algún modo,
que no quería retirarme
hasta que ella me retirara.
Que era comodo
vivir su nariz,
que disfrutaba de sus nuevas tenidas
o buscar en la ropa americana
un poleron que le gustara
y se me viera bien a mi,
que podría haber acampado
en el dentista,
pero que me uniera
de manera irrevocable a su perfil.

No fue así.

Siempre hubo
un día con olor a Derecho civil
o peor aún
con sabor
a no se que decir.

Lo complicado es sentir
sin tedio.
Sin la necesidad de surgir
y correr,
¡ de aprender a correr Concepción !
sin tratar de comprender
que el pegamento que une
es el mismo que separa,
que desgasta.

Los lazos se resisten por la historia
o será que somos obsecuentes.
O será que ni bien son concretos
mas bien aparentes,
por cuanto se cerro la puerta
- que tanto sonaba -
no volvió a doler tanto un espacio
ni a llover demasiado.
Y un ayer exigió mañanas
para alcanzar a mudarse pero no.

El pegote que pegó
las tortugas a la cajita
se vació.
Y yo no lo he tocado sino hasta pasado mañana.

Yazco sin amor.
Sin esperarla.
Sin mentir.

Si pudiera creer un poco
en creer
¿ que habría que decir ?


Lo vital
es no fingir,
es confesar,
es proseguir
sin causas adictivas
sin no reirse
sintiendo que me corresponde
ser olvidable y aceptar
el silencio estampa
como si nunca
hubiera
existido.



Y todo está bien
solo que
por ahi
al corazón que
mantengo anestesiado
se acuerda de ti
y eso
lamentablemente
lo pone feliz.


Te mentí,
llegue empapado ese día
por que corrí.
Quería no irme
de la pieza
pero no soportaba
ni un rato mas allí.
Sin embargo
y aunque suene estúpido
no podía vivir sin ti.



Será la verdad
de los numeros primos.
Serán las camelias,
la belleza en este mundo
la inducción
a escribir,
a escribir por siempre total
desde el fin.

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