jueves, 21 de octubre de 2010

La cosa
es re simple.
Voy al supermercardo y busco que comprar para el almuerzo.
Yo bajé Anibal Pinto sin saber bien que es lo que quería,
pero si lo pensamos bien ¿Quien sabe lo que quiere?
Me lamento de no haber traído el celular
por que contemplando un paquete de caracoquesos
me interrogo si a mi hermano le gustan.
Filo.
Me pierdo entre los pasillos por que me agrada perderme.
¿A quién no?
"los verdaderos poetas son derrepente"
Sin mayores cavilaciones, peso un tomate.
Saco hamburgesas la crianza del refri gigante
y palpo una lechuga.
Como si
el patrón de conducta se hubiese
incrustado,
se hubiese mezclado con mi genoma,
como si mi cuerpo
fuese un acto reflejo del pasado tan pasado.

Ya en casa,
corto los tomates y trato de emularla.
¿Podría yo verme tan lindo en un pijama sucio?
Seguramente que no.
Y las rodajas
se hacen cuadrados.
me sobran los motivos.

Quiero un carnaval de golondrinas.
Quiero un pie de limon de olvido.
Quiero un apunte de cercanías
y un exámen de despedidas.

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