jueves, 30 de diciembre de 2010

La incapacidad de
de decir las cosas por su nombre.

No basta
la música para desapoderarse
de las rabias
que implican no
estar en esta tienda de ropa usada
con tu mano
o eligiendo que polera puedo llevar.
No basta
huir de tu sobriedad
con la primera canción
que un andino construya en un micro
y cooperarle con 50
por que la canción te recuerda
y por que eso es lo
que quiero o quiero quererte.

Pero se que
en este verano
se vive el otoño de la emoción,
volándose las hojas
por que la historia y los miedos
no permiten recogerlas,
por que hace seis cuadras de frío.
Como todas las
cosas inútiles
la esperanza se clava
a una bandera,
y se va a esos días
tan cerca que lejanos
donde escucharte
era mas o menos igual a la risa y al llorar,
a la belleza y a la poesía.
Donde te espiaba desde la oficina
y caminaba
por el segundo piso deseandome encontrar
con alguien y conversar en tono fuerte
para que me oyeras
y salieras de la sala de estudio.

Asi. te veo.
Entre los ojos nerviosos
de los examinados y tantos cigarros
nerviosos.
Tu y yo totalmente desintoxicados
de tal fatalidad, a cinco amigos de distancia
repaso tu perfil, tu vestido,
tu espalda maquillada con tu pelo.
Te sientas, te veo tan linda
no se si es mejor quedarme quieto ahi
a morir.
A tirarme desde ese mismo piso
por que no tengo el valor
de cometer delitos inmunes.
Y me paso toda la película
de entrometer mi cabeza por la ventana
y robarte un beso tierno
decirte buena suerte
o exíto, como tu quieras y volar.

Cuidemonos de no soñar.
De no
arriesgarse,
de no pelear,
de sentarse a esperar.

Preocupemonos
de no ser un incondicional.
Por que a Orni se le fué el olor
y definitivamente
ningún ramo, ninguna carrera,
ningun examen de grado,
ninguna victoria,
ningun triunfo en la vida
deberia y en verdad hoy a las diez de la noche
vale tanto
como el querer que vuelva ese aroma
y me diga
donde nos vivimos esta vez,
quedate no te desconectes.
te quiero para mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario