Sentado en la salita de espera
mientras te hace la manicure
una tipa ultra maquillada
y entre que hago que leo
un reportaje sobre
nuestrosgrandespequeñosinsignificantes presidentes
pienso que
bastaría no ser tan ciego
ni poco menos conciente
para enamorarse de tu espalda.
Hasta si me das la espalda
me pierdo contento.
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