Te pones las medallas
en tu regazo blanco de jeans
sin importarte
el hecho de que por colgadas a la pared
se han cubierto de polvo
y de años -todo un tema para ti-,
sin embargo las acomodas ahi
ordenaditas
suaves
y siento envidia por que me gustaria ser ellas
y ser yo el acurrucado.
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