La abrazo con miedo
y me grito las lagrimas.
Ya no me levanta su patita
pero me sigue buscando.
Me busca, me busca, como cuando
de tanto rasguñar la puerta
en la noche y entra,
sale corriendo a mi cama.
Y yo dormido y humano, me hago el poco perro.
Pero ella me sigue buscando.
Y ayer mientras ella lloraba en nombre de
la povidona,
yo me doy cuenta que no merezco
sus patas,
que no valgo ni sus uñas jamás cortadas.
Y la acaricio tan mentirosamente
para que escurra la medicina.
¡Ni siquiera ahora un cariño franco!
Siempre un proposito, siempre un rato.
Somos unos convenientes, unos insagrados ocupantes.
Y ella se acuesta en la alfombra vieja,
cansada y tambien vieja. Sucia, húmeda.
Y yo con toz de humano me la sufro toda,
queriendo que se acueste conmigo.
¡Ensúciame, pegame tus pulgas,
matame con tus garrapatas. Clavame tus uñas.
Pegame lo que tengas, rapame el pelo.
Y despues langueteame!
Quitarte todo el dolor y entender el mío.
Mi pequeña mujer de cuatro patas,
sueña que sigues quedándote dormida
en esa caja de zapatos,
cuando apenas eras un zapato...
Y yo apenas un niño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario